Cuando hablamos de la historia del cine, es imposible no mencionar a los hermanos Lumière. Sin embargo, el legado de Louis Lumière va mucho más allá de las primeras proyecciones a finales del siglo XIX. En un hito poco conocido pero fundamental para la tecnología cinematográfica, en 1935 Louis Lumière presentó ante la Academia de Ciencias de París una secuencia pionera de cine en relieve, sentando las bases absolutas del formato 3D.

Un avance tecnológico revolucionario en París

En febrero de 1935, el mundo de la tecnología y el entretenimiento presenció un salto monumental. Louis Lumière, ya consagrado como uno de los padres de la cinematografía, decidió que la pantalla plana no era el límite. Durante una histórica sesión en la Academia de Ciencias de París, demostró que era posible otorgar profundidad a las imágenes en movimiento.

Esta demostración técnica de cine en relieve sorprendió a los científicos e intelectuales de la época. Lumière proyectó una película tridimensional utilizando un sistema estereoscópico que requería que los espectadores usaran gafas especiales para lograr la ilusión de profundidad, un principio que, en esencia, sigue siendo la base del cine 3D moderno.

¿Cómo funcionaba el cine en relieve de Lumière?

El desarrollo técnico detrás de esta innovación fue el resultado de años de experimentación óptica. El sistema de Lumière consistía en filmar la misma escena desde dos ángulos ligeramente diferentes, imitando la separación natural de los ojos humanos. Al proyectar estas dos imágenes simultáneamente en la pantalla y utilizar filtros o gafas anaglifas (los clásicos lentes con cristales de diferentes colores), el cerebro del espectador fusionaba ambas perspectivas, creando el asombroso efecto de la tercera dimensión.

El legado del formato 3D en el entretenimiento actual

Aunque el cine en relieve no se masificó inmediatamente en la década de los 30 debido a los altos costos de producción y a las limitaciones técnicas de las salas de exhibición de la época, la presentación de Louis Lumière en 1935 fue la semilla que germinó décadas más tarde.

Hoy, cuando disfrutamos de superproducciones en salas IMAX o utilizamos cascos de realidad virtual, estamos experimentando la evolución directa de esa primera chispa creativa y tecnológica encendida por Lumière en Francia. Un verdadero testimonio de que la visión de los pioneros del séptimo arte siempre estuvo décadas adelantada a su tiempo.