El 20 de febrero no es una fecha más en el calendario musical. En 1958, el pionero del rock and roll Buddy Holly lanzó su álbum debut homónimo (Buddy Holly), una obra maestra que no solo definió el sonido de una era, sino que trazó el camino y sirvió de inspiración directa para incontables bandas que dominarían la escena mundial en las décadas de los 60s, 70s y 80s.

Un sonido adelantado a su tiempo

Grabado junto a su banda The Crickets, este álbum presentó al mundo una fórmula que hoy nos parece el estándar del rock y el pop, pero que en aquel momento fue totalmente revolucionaria: dos guitarras (líder y rítmica), bajo y batería. Buddy Holly demostró que el rock and roll no solo se trataba de rebeldía, sino de melodías increíblemente pegajosas, letras genuinas y armonías vocales impecables.

El disco está cargado de éxitos inmortales, incluyendo himnos como «Peggy Sue», «Words of Love» y «Everyday». Estas canciones encapsularon la energía de la juventud de los años 50 con una frescura que ha superado la prueba del tiempo, logrando mantenerse vigentes en las programaciones de radio de corte clásico y retro en todo el mundo.

El ADN de las bandas legendarias

El legado del álbum homónimo de Buddy Holly va mucho más allá de las ventas. Sin su influencia, la historia de la música sería irreconocible. Grandes leyendas del rock británico basaron sus primeras composiciones en el estilo de Holly.

Por ejemplo, The Beatles tomaron su nombre inspirados en The Crickets, y bandas de la época dorada de la invasión británica, como The Kinks y The Rolling Stones, adoptaron su actitud y su formato de banda para crear sus propios sonidos. Incluso músicos de géneros más pesados y extravagantes de los años 70 reconocieron la importancia vital que tuvo Buddy Holly al popularizar la figura del cantautor que escribe y toca sus propios temas.

Un legado que sigue sonando

A pesar de su trágico y prematuro fallecimiento en 1959, conocido como «el día que murió la música», Buddy Holly dejó un testamento sonoro impecable en este debut de 1958. Es un disco fundamental para entender la evolución del rock, el pop y todos los sonidos electrónicos e instrumentales que vinieron después.

Para cualquier melómano o coleccionista del buen ritmo, regresar a las pistas de este álbum es volver al Big Bang de la música moderna. Una verdadera joya del catálogo retro que nos recuerda por qué el rock and roll nunca morirá.