Memoria audiovisual en estado puro, Solanas en filmación extrae del archivo valiosas postales del extraordinario rodaje de El viaje (1992), sexto largometraje del recientemente fallecido Fernando Ezequiel Solanas (1936-2020) que sintetizan una impronta. 

A pedido del realizador y político argentino y con base en el cuantioso registro in situ del fotógrafo y entonces camarógrafo Marcos López, los directores Enrique Muzio (El cóndor de oro) y Dolly Pussi le dieron forma rápida al documental junto al montajista Mario Berardi. El documental se concluyó en 1993 pero tardó casi tres décadas en emerger: recién hoy, gracias a una copia recuperada por Fernando Madedo y en cercanía al natalicio de “Pino” (el 16 de febrero), el filme se estrena en Latinoamérica a través de Puentes de Cine.

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Menos emblemático que Sur o que La hora de los hornos, El viaje significó sin embargo una empresa quijotesca para Solanas luego de una década de sólida consagración internacional. Filmado en el extenso paisaje intermedio entre Ushuaia y el Caribe, rebosante de coreografías y alegorías poético-políticas, el drama parte de la travesía iniciática que emprende un joven (Walter Quiroz) en búsqueda de su padre. 

Solanas en filmación hace rancho aparte de la trama y se concentra en el trasfondo que comanda el director, permanentemente activo y absorbido por su obrar en parajes y escenarios continentales diversos. 

Pino Solanas en la filmación de “El viaje” (Foto: Puentes de cine)

Resulta hipnótico observar a Solanas dirigir a actores, actuar con elocuencia, celebrar una toma o lograr escenas persuasivas a partir de delirios artesanales (como hacer volar una estatua ecuestre con ventiladores): concebida en las antípodas de cualquier glamour, la forma de trabajo captada -definida como una “estética del riesgo”- sugiere una metáfora del proyecto demencial que se agazapa detrás del séptimo arte.

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Los estertores de ese afán total se reflejan en las mixturas culturales cómplices que invoca Solanas, donde conviven el arte de Alberto Breccia, el tango y la aparición de un desgarbado Fito Páez; y en el activismo constante trasladado a la pantalla, que en el proceso de El viaje le trajo consecuencias amenazantes: el director recibió seis balazos en las piernas en pleno montaje, atentado supuestamente atribuido a la denuncia de corrupción que había iniciado contra el entonces presidente Carlos Menem, del que Solanas en filmación se hace eco en su porción final.

Dimensión de creador

“No tuve más contacto con la película una vez terminada -recuerda Muzio (1945), uno de los directores-. Nosotros la concluimos, se hizo la aprobación de sonido y no sé cómo fue perdida y encontrada, cuál fue el derrotero. Esto quedó en manos de Solanas y la gente de su productora”.

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Y completa: “El criterio que usamos con Dolly y Mario fue retratar el trabajo de alguien del talento y la valía de Pino. Él fue el que eligió a Marcos López para el rodaje y Marcos  nos entregó unas hermosas posiciones fílmicas, nos dio un material muy rico”. 

Pino Solanas en la filmación de “El viaje” (Foto: Puentes de cine)

Y agrega: “Más allá del pedido del propio Pino, lo que quisimos mostrar era que quien viera el material acceda a la significación de la dimensión de creador que era él. A poco de su fallecimiento, el compromiso es mayor porque ya quien quiera informarse y saber lo que era Pino no lo tiene a disposición en posibles reportajes o visiones actualizadas. Y su rasgo es el talento de un tipo que supo navegar entre la información que daba, el compromiso estético que le otorgaba a sus filmes y el compromiso político que estuvo presente en todas sus obras”.

¿Qué implica retratar a Solanas desde el marco tan amplio como circunscripto de El viaje? Muzio: “Fue una película de mucho riesgo en todo sentido, no nos olvidemos que sufrió inclusive un atentado al filmarla. Le llevó varios meses volver a caminar luego de eso. Cada película de Pino es distinta, cada película tiene sus avatares y lo que siempre está es un desafío artístico para mostrar una dimensión política que no abandonó nunca”.

“El documental refleja tal vez la película que más tiempo, locaciones y variedad de filmaciones y rodajes le llevó. El viaje puede ser una oda a la tarea quijotesca específica de alguien como Pino, que no busca el camino fácil, porque no todos corremos el mismo peligro. Es un homenaje al quehacer cinematográfico de estas características, de llevar a través de todo un mensaje netamente político que está siempre con Pino. Desde La hora de los hornos, que llevó a proyectar en campañas y militancias en la dictadura de Onganía, hasta sus últimos documentales que nos dijeron cómo era la industria argentina en la época de Perón y lo que significa la ideología en América latina. Hay que tener coraje para encarar la tarea cinematográfica con ese riesgo”, concluye el realizador.

Para ver

Solanas en filmación. Argentina, 1993. Documental. Dirección: Dolly Pussi y Enrique Muzio. Duración: 50 minutos. Plataforma: Puentes de Cine

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