Un duelo de masculinidad selvática junta al cordobés Alberto Amman y a Pablo Echarri en El silencio del cazador, western litoraleño dirigido por Martín Desalvo que le agenció a la dupla un premio compartido por mejor actor en el Festival de Cine de Málaga. Con Mora Recalde como eje femenino del triángulo, el filme situado en un parque nacional de Misiones despierta la chispa del rencor entre el guardaparques Ismael (Echarri) y el cazador descendiente de colonos Orlando (Amman) cuando un raro jaguar es avistado en la zona. Sara (Recalde), racional esposa del primero y expareja del segundo, intentará ponerle paños fríos al conflicto.

Radicado desde hace tiempo en España y dado a conocer con su debut en Celda 211 (2009), Amman ha construido una carrera sólida en la que son frecuentes los roles extremos o aguerridos: desde el mencionado thriller de Daniel Monzón hasta sus apariciones televisivas en Apaches o Narcos, el actor ha ido acompañando el physique du role con un cuerpo y con un semblante acordes.

El silencio del cazador confirma ese derrotero mostrando a un personaje de gestos duros y de acción violenta bajo el que sin embargo trasluce una sensibilidad inquebrantable, símil al acento cordobés que se interpone cada tanto en el castellano neutral de Amman.

“Me atrajeron varios factores de la película –dice el actor–. Por un lado el guion, no sólo por la situación con el medioambiente y con la vida de los guardaparques forestales, sino también por la relación entre personas de distintas clases sociales en un ambiente conectado con lo salvaje y con las viejas tradiciones. La modernidad modificó actitudes ligadas a esas tradiciones y algunos personajes no quieren cambiarlas y se enfrentan a costa de lo que sea. Y luego trabajar en el país, con actores a los que admiro y además conozco de cuando estudiaba actuación en Argentina”.

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Y agrega: “Me atrajo asimismo la idea de encarnar a un cazador, si bien como carne me perturban que los animales sean asesinados en un matadero y hay algo que está relacionado con la caza para comer, es un prejuicio un poco contradictorio, pero está. Me interesaba bucear e investigar qué atrae a la gente que le gusta cazar, básicamente salir, esconderse, estar ahí vigilante, pillar a una presa desprevenida, meterle un tiro y llevársela como trofeo a casa”.

Y amplía: “Los personajes extremos que hago creo que tienen que ver con mi arranque, con cómo empecé. Incluso antes de Celda 211 hice una serie que se llamó Plan América, que no funcionó y la quitaron en el segundo episodio, en la que era un guerrillero, un tipo armado en una lucha revolucionaria. No sé por qué les doy ese perfil (risas). A partir de Celda 211, con este personaje de Juan Oliver que sufre una gran transformación en un gran drama antiguo, es verdad que me han ofrecido personajes que hacen un viaje oscuro o duro importante. Pero también hice alguna otra cosa como EVA, la película de Kike Maillo con Daniel Brühl en el que soy un científico con carácter bastante apocado”.

Alberto Amman en “El silencio del cazador”

Violencia extrema

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Con sus protagónicos enredados en una espiral trágica, El silencio del cazador refleja una violencia con base en la testosterona que impregna el debate de género actual.

Habituado a esas representaciones, el tema interesa de manera especial a Amman: “Espero que no estemos condenados a repetir esa violencia eternamente, creo que como sociedad hemos ido evolucionando a pesar de muchos tropezones. Tengo esperanzas de que podamos ir acercándonos a una manera de vida no violenta. Para eso hay que poner mucha conciencia, y en el sistema patriarcal la figura masculina sigue siendo la del macho que sale a cazar y tiene que proveer. Es uno de los factores que hacen que nos matemos y haya peleas”.

Y agrega: “Las mujeres también tienen violencia y la conocen y pueden desarrollarla, pero no tienen ese disparador que las lleva a meterle una trompada a alguien con el que están en desacuerdo. Tiene que ver con una educación social y con un sistema de creencias que están caducos y que deberíamos transformar urgentemente. Las sociedades matriarcales, que existen por ejemplo en algunas zonas de África, son mucho más pacíficas”.

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El actor completa: “He tenido la fortuna de estar en un campo de refugiados saharauis, entre la frontera de Mauritania y Marruecos, en Argelia. Es una sociedad matriarcal donde las casas de la familia tienen el nombre de la mujer de la casa, de la madre de los hijos. La sintonía y el trato entre las personas son mucho más calmos, y eso que es un campo de refugiados con 250 mil personas que hace 40 años echaron de su tierra”.

Situaciones extremas

Acostumbrado a la vida a salto de mata desde cuando viajó a probar suerte a Europa, Amman recibió el duro golpe de la pandemia con ahorros que le permitieron tirar. Ahora se encuentra en México, donde retomó Narcos bajo el nuevo protocolo y se dispone a filmar una nueva película con Luis Mandoki.

¿Cómo se experimenta la crisis del Covid entre los dos continentes? Amman: “Más allá de las comodidades sociales que pueda tener un país sobre otro, la diferencia es que España tiene más músculo financiero que Argentina, aunque los problemas son los mismos. La gente se junta en las fiestas sin mascarilla, son cosas difíciles de entender. Yo he sido muy precavido con el cuidado y también es verdad que tengo una situación privilegiada, me he podido guardar en casa. Hay gente que no tiene trabajo y necesita vivir al día y, claro, son situaciones realmente extremas. Decirle a una persona que se quede en casa y no le das una ayuda, dinero, ¿qué hace? Va a salir a robar, ¿o qué? Yo lo haría”, señala.

Y concluye: “Soy un defensor de la renta básica universal e individual. Me parece preocupante que los estados no tomen medidas. Si en España eres millonario, te asocias con un par de amigos y pagas un uno por ciento de impuestos. Yo pago el 45 por ciento de lo que trabajo. Algo está mal, ¿no? Si no damos un paso para cuidar a los demás, seguimos en esta especie de prehistoria en la que sólo importa mi culo y al resto que le den”.

“Eso me parece preocupante porque responde al sistema de valores capitalista, el capital es lo primero, la competitividad una herramienta y sálvese quien pueda. Y eso va con cuentos como el de que cualquier chico que nace en una villa puede ser presidente de los Estados Unidos. Es un cuento chino, no existe, no es real. Nunca ha pasado y no va a pasar. Es la propaganda de un sistema en la lona y sobre el que deberíamos empezar a recapacitar para ver cómo salir adelante pensando en los otros y no sólo en nosotros”.

El silencio del cazador
Drama, thriller. Argentina, 2019. Dirección: Martín Desalvo. Con Alberto Amman, Pablo Echarri y Mora Recalde. Duración: 103 minutos. Calificación: apta para mayores de 13 años, con reservas.

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