Como sucede con la ficción, que puede tomar caminos diversos, el documental en el cine conoce vías disímiles. Se puede interrogar lo real tan solo eligiendo una posición para registrar un fenómeno sin decir una palabra y sin añadir absolutamente nada, excepto lo que capturen el lente y el micrófono. Eso puede ser suficiente: la realidad es móvil y ambigua, y esa condición constituye un recurso epistemológico preferencial para una cámara cinematográfica.

¿No es justamente eso lo que transmite el inolvidable plano de Notturno en el que un caballo mira fijo a cámara mientras los automóviles pasan por detrás en una avenida en Siria? Esa escena distintiva de la película de Gianfranco Rosi glosa la potencia del documental observacional. Notturno prodiga varias escenas de esa índole.

En principio, el cineasta italiano se propuso, después de haber filmado la llegada de inmigrantes de Medio Oriente a Europa en Fuocoammare, conocer la patria que dejaban para siempre. Las zonas elegidas fueron entonces Siria, Iraq, Kurdistán y Libia, pero la noción de frontera es filosófica y estéticamente desestimada por el cineasta.

La puesta en escena se desentiende de todo concepto geopolítico y prefiere el cuerpo y el alma de los que viven en esa región como escenario simbólico y el territorio sin el mapa en tanto lugar de pertenencia. Notturno acopia rostros y paisajes, y en estos recoge respetuosamente las heridas y las consecuencias que perpetró la última invasión estadounidense, entendida como un episodio reciente de un conjunto de eventos ligados al colonialismo que comienza en la década de 1930. 

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Rosi es un cineasta paciente. Antes de filmar conoce a sus personajes, camina la región, piensa. De ese modo, puede acompañar a un adolescente en su búsqueda diaria de trabajo en el campo, seguir los ensayos en un hospital psiquiátrico de una obra de teatro que cuenta la historia de esa región, mostrar las clases de unos niños que en sus dibujos representan las atrocidades perpetradas por miembros del ISIS y observar detenidamente las plegarias de una madre que reconoce el lugar en el que asesinaron a su hijo en una cárcel abandonada de Saddam Hussein.

La clave de todas las escenas reside en la distancia elegida y en la paciencia para hallar en la realidad el momento exacto en el que esta devela la verdad del dolor e incluso la hermosura de un ecosistema que ha sido arrasado. 

Notturno colecciona planos de una prepotencia visual indesmentible, pero no es la belleza el tema que lo rige. Es el dolor humano en sus múltiples expresiones el objeto de su indagación estética. Puede no calmar la tristeza y la desesperanza de sus protagonistas, pero el solo hecho de filmarlos los dignifica y les permite sustraerse al destino impuesto por el tiempo: el olvido.

Notturno
Dirección: Gianfranco Rosi. Fotografía: Gianfranco Rosi. Montaje: Jacopo Quadri, Fabrizio Federico. Sonido: Gianfranco Rosi. Producción: Donatella Palermo, Gianfranco Rosi, Serge Lalou, Camille Laemlè, Orwa Nyrabia, Eva-Maria Weerts. Duración: 100 minutos. Sexo: nulo. Complejidad: nula. Violencia: nula. Se puede ver en la plataforma Mubi. 

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