Arca estuvo nominada al Grammy en la 63ª entrega de los premios más importantes de la música internacional. Fue en la categoría mejor álbum dance/ electrónico por Kick I, su cuarto solista que muestra a la venezolana más accesible y, por sobre todo, más liberada. 

Finalmente, Kick I perdió con Bubba, del dee jay haitiano Kaytranada, lo que, sin embargo, no impidió que la artista también conocida como Alejandra Ghersi celebre su condición de mujer transgénero tras un período de autopercibirse como persona no binaria.

“Celebrar” es el verbo más acorde a la desmesurada exhibición que Ghersi realiza en sus perfiles de redes, y el que se corresponde con un álbum que morigera (apenas eso, morigera) la electrónica experimental que hace unos años la llevo a producir a Björk, Kanye West y FKA Twigs.

En Kick I, Arca mantiene la saturación del sonido y el irrespeto por las formas rítmicas convencionales, ya sean del mundo del dembow o de la canción pop. 

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Pero aun así, coquetea lo suficiente con la vibración de época para resultar mucho más asequible que cuando producía como hombre atormentado.

O como alma disconforme con el envase fisiológico que le había tocado, al tiempo que encontraba en los modos de Trent Reznor y de Aphex Twin los mejores leudantes de una música que, de acuerdo al momento de su aprehensión, podía resultar bizarra o siniestra. 

Si bien mantiene ese ardor expresivo, Kick I se permite ritmos latinos, baladas con blanqueo amoroso y hasta un reggaetón en el que demanda un “machote” que la sepa “tocar”, que la sepa “amar” y que, por supuesto, sepa “menear”. 

Rosalía, Shygirl, la recientemente fallecida Sophie y hasta Björk han ayudado a Arca en esta cruzada por “alimentar una mutante esperanza frente al miedo”. 

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Al menos en esos términos definía sus propósitos en el programa de un reciente show: “La presentadora, conocida como Diva Experimental, vive entre muchos cuerpos en el espacio por ser perseguida. Para matarla, es necesario encontrar todos sus cuerpos”. 

“Los cuerpos huéspedes tienen un fetiche por la paralingüistica, por romper la cuarta pared y por alimentar una mutante esperanza en el amor frente al miedo”, completó ese texto. 

Si bien arriba se sugirió liviandad y hasta se acercó una idea de entretenimiento, Kick I comienza con un amenazante medio tiempo, con estallidos eventuales de bala y el ruido de casquillos chocando contra el piso. 

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Se titula Nonbinary y no es muy contemporizador. “¿Quién te creés que soy? No es con quién creés que estás tratando, no/ porque no estás ‘tratando’/ no hay trato”, se le oye a la venezolana, como si quisiera dejar en claro que no hay margen para entorpecer una sensación imparable de orgullo por ser lo que se es. 

Después sí, la cosa se ablanda un poco con Time, un synthpop etéreo en el que expresa “sé que lo querés/ es hora de dejarlo salir” con el énfasis justo para que suene a himno de aceptación. 

El reggaetón emerge con Mequetrefe, una pieza desafiante en la que Arca le planta cara a la homofobia. “Mira cómo se crece/ Ella vino caminando desde su casa/ Ella no toma taxi/ Que la vean, que la vean en las calles”, rapea allí, desentendida de cómo reaccionarán los paquis al verla pasar en sus súper plataformas. 

Similar intención tiene Riquiquí, aunque es más amorfa en términos rítmicos y llega con combinaciones de modos coloquiales venezolanos con una letra en inglés que alude a una niña regenerada – degenerada y a cierto temor a Dios. 

Una de las baladas amorosas es Calor, que tiene una introducción que remite al The Forest, de The Cure. “Eres el premio que no me esperaba/ Eres el sueño que no me atrevía a tener”, le canta Arca al artista valenciano Carlos Sáez, su pareja. 

Aquí la intensidad expresiva es tal, que el timbre de la artista adquiere resonancias sacras, luego mantenidas por Björk en Afterwards, donde recita en español un poema de Antonio Machado (Anoche cuando dormía). 

Rosalía, por su parte, pone una voz que tranquilamente podría haber puesto en cualquiera de sus innumerables colaboraciones “urbanas”, pero en este track está resignificada por una picaresca trans que yuxtapone el equivalente al cordobés “¿qué lo qué?” con electrónica chirriante y hasta con folklore venezolano. 

La Chíqui es una colaboración extrema con Sophie, en la que Arca repite “meneo, meneo, meneo, meneo, meneo” a la velocidad de la luz sobre espasmos electroclash aportados por la escocesa, para luego en momentos calmos habla de rezar para neutralizar el dolor y de volver a depositar su fe en algo. 

¿En qué podría ser? En la humanidad, difícil. Por lo expuesto se decanta que Arca mantiene la fe en su instinto creativo y en un empoderamiento que desprecia cualquier supremacía de género. 

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