A favor: Una ópera prima arriesgada

Suena Toxic de Britney Spears y Cassandra camina hacia la concreción de su venganza. Está vestida como una enfermera sexy y el look recuerda a Harley Quinn de Escuadrón Suicida, no sólo por la apariencia sino por su actitud, entre sensual, aniñada y peligrosa. 

Hermosa venganza es una de las favoritas de esta temporada de premios virtuales y lo tiene más que merecido. En primer lugar, por la actualidad de la temática que toca (la violación, el consentimiento, el “no es no”), y por la manera en que convierte el drama en un thriller intenso y despiadado. 

La película tiene actualidad pero no cae en un lugar aleccionador ni moralista. Por el contrario, es incómoda y hasta puede resultar polémica. El desarrollo de los traumas de la protagonista, su deseo de venganza y cómo no cae en el lugar de la victimización, es todo un acierto. Es arriesgada, aguda y retorcida. 

Carey Mulligan hace un trabajo memorable como Cassandra, que alterna entre sonrisas encantadoras, ojos tristes y momentos que rozan la locura. En el primer tramo de la historia hay una repetición en el modo de operar del personaje: finge estar borracha, se deja ayudar por un gentil hombre y, cuando éste quiere aprovecharse de la situación, deja en evidencia a su “salvador”. 

Esa repetición permite entender al personaje, sus motivaciones, pero sobre todo es un llamado de atención. Los hombres con los que interactúa no son villanos, ni personas malvadas, ni nada que se le parezca. Son tipos comunes y corrientes que entrarían perfecto en la categoría de “buena gente”. Pero, ¿lo son? En ese sentido, Hermosa Venganza invita a reflexionar sobre la cultura de la violación y el consentimiento (o la falta de).

La película es la ópera prima de Emerald Fennell. La directora es también actriz y fue productora de Killing Eve. Su trabajo en ese policial explica en parte el tipo de humor negro que atraviesa a su película, que sumado al contraste entre la estética colorida y la oscuridad de la trama, dan por resultado una obra difícil de clasificar pero muy recomendable. 

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En contra: géneros enloquecidos

Hermosa venganza lo tenía todo para ser la gran fábula negra del MeToo, pero el filme de Emerald Fennell erra su revancha por una insalvable distorsión: imposible entablar algún grado de empatía con su bipolar protagonista. Con su estridente look Britney y modales de Harley Quinn, Cassandra (Carey Mulligan) pasa de sistemática amedrentadora de abusadores compulsivos a resistida pareja del contenido cirujano pediátrico Ryan (Bo Burnham), de precarizada cadete e hija de clase media a psico-feminista alzada contra las instituciones.

Moral, política y psicología se confunden sin ton ni son en un tren descarriado que se desconoce a sí mismo y alterna con igual torpeza entre el cine de superhéroes camuflado, la comedia romántica cínica y el policial mórbido.

La tendencia al exceso literal se comprueba en las escenas ilustrativas con “depredadores”, obreros que piropean, babosos narcisistas, conductores misóginos y galanes con prontuario oscuro, un desfile de machos caricaturescos que son reflejo vacío de una freak de camarín. La casuística pretende agotar la temática con mujeres cómplices, una violación fuera de plano, cuestionamientos del género opuesto y el saber perdonar.

Lo único que empuja a Hermosa venganza es la coacción gratuita, un siniestro imperativo que obliga al espectador a tolerar con incomodidad o risa forzada cada vuelta de timón. De ahí que el filme –de a ratos pop, naturalista, tierno, patético– luzca estéticamente apretado, opresivo, como si ocurriera en un pasillo subterráneo con gente que grita y delira.

Sea cual sea el statement de Fennell, este se viene abajo por falta de amor a su personaje, al mundo y al arte de contar historias: ninguna causa justa puede sobreponerse a esa ausencia de sensibilidad. Que los Oscar nominen a este filme e ignoren esplendorosamente a First Cow –una inteligente deconstrucción de la épica masculina a cargo de la cineasta Kelly Reichardt– dice mucho del alineamiento conservador de Hermosa venganza, un gesto fácil que equipara un tema complejo a un caso clínico. 

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