En una calurosa jornada en Roma, con una temperatura 32 grados, la Piazza del Campidoglio, diseñada por Miguel Ángel, se desarrolla el multitudinario funeral de Raffaella Carrà. La cantante falleció este lunes a los 78 años y dejó un imborrable legado de éxitos.

La corresponsal de LA NACION Elisabetta Piqué aseguró que el clima de la gente oscila entre el triste silencio y los gritos eufóricos de “¡Raffa, Raffa, Raffa!, intercalando también cantos de las canciones más icónicas de Carrá, como Fiesta o Para enamorarse bien hay que venir al Sur.

Para el pueblo italiano, Raffaella Carrà más que una diva fue una integrante más de la familia, un verdadero símbolo de la cultura nacional. Las personas que se acercan a darle su último adiós a la artista llevan todo tipo de ofrendas, desde flores, hasta cartas, gigantografías y muñecas.

La capilla ardiente donde se desarrolla el velorio permanecerá abierta todo el día de mañana, con temperaturas pronosticadas que serán muy altas.

Raffaella había dejado instrucciones precisas de que se usara un simple ataúd de pino para su capilla ardiente y luego una urna también modesta para guardar sus cenizas, y así se cumplió.

GREGORIO BORGIA – AP
GREGORIO BORGIA – AP

Rosas amarillas acompañaron el cortejo fúnebre de una hora y media que desde su casa de Vía Nemea, en el norte de la capital, se detuvo en diversas paradas por edificios emblemáticos de su carrera en la RAI, la empresa televisiva en la que Carrà hizo historia y se convirtió una estrella.

En la capilla ardiente se ven grandes fotos de Raffaella sonriente, que enmarcan el ataúd, por supuesto cerrado y a un costado también ha sido colocado una pantalla gigante que transmite imágenes de la diva.

El público ingresa en pequeños grupos, con barbijo y respetando las normas impuestas por la pandemia. La gentes reza, toca el ataúd, se arrodilla, dejan flores durante los segundos en que pueden acercarse a los restos de la artista.