Expresiones como la persecución a minorías, la violencia de género y la opresión del patriarcado son desprovistas de toda retórica lineal y expuestas al lente inmutable de la cámara en Beginning, desconcertante ópera prima de Dea Kulumbegashvili (Georgia, 1986) que se estrena en la plataforma MUBI.

Preseleccionada al Oscar por su país, ganadora histórica en el festival de San Sebastián el año pasado y divisora de aguas en la crítica, la película retrata en planos concentrados y estrictos fuera de campo el devenir de Yana (Ia Sukhitashvili), la mujer de un líder de testigos de Jehová en un pueblo de provincias. Basada en el hostigamiento verídico a esa comunidad religiosa en Georgia, Kulumbegashvili exhibe a la par la hostilidad acechante –que arranca con un bíblico ataque incendiario a una pequeña iglesia– y el desmoronamiento existencial de la protagonista, atrapada entre un matrimonio insatisfecho y el acoso sexual de un investigador de la Policía.    

El centro del filme lo ocupa una violación nocturna en la naturaleza, que la directora elige mostrar de lejos, sin estridencia ni alardes; casi un espejo contemplativo (y de sensibilidad femenina) de la paradigmática escena de Irreversible, de Gaspar Noé.

En pleno debate sobre la representación de ese acto infame –que hicieron vigente desde la serie I may destroy you al filme cordobés La noche más larga–, Beginning provoca al espectador desde el esteticismo, la alegoría naturalista y el desvío renuente a facilismos morales: Yana responde a la vejación con ambivalencia radical.

“Beggining” (Foto: MUBI)

“El asalto sexual no necesita dramatización –argumenta Kulumbegashvili por e-mail–. Sabía que la escena debía ser incluida. En tanto la película examina y observa la rutina de Yana, no podía quitar la mirada de un evento tan doloroso en su vida. Pero al mismo tiempo entendía que tampoco podía elegir entre qué parte de la escena debía permanecer y qué resultaba ‘innecesario’. No quise editar la escena ni acentuar nada. Pretendía una escena en tiempo real, filmar lo que sucede frente a cámara. El paisaje es hermoso. El río está justo detrás de la casa que hacía de hogar de Yana. Yo crecí en ese pueblo. Me fascina la belleza natural que hay allí. Así y todo, no quise idealizarla. No le doy sentido simbólico. La naturaleza es indiferente. No busca ser bella, es lo que es”.

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Y completa: “Evité igualmente poner la cámara cerca y captar lo que sucede en detalle. Preferí filmar a distancia, como si fuera la mirada de alguien que pasa accidentalmente por ahí. El resto queda librado a criterio. Creo que el espectador es capaz de conectar y sentir empatía, percibir el dolor del personaje. No es necesario hacer una escena más importante que la otra. Y creo que la respuesta de Yana a lo que le ocurre es honesta”.

“El asalto sexual es un trauma complejo y complicado. Cada persona que lo atraviesa responde a su manera. Hay vergüenza, culpa y hasta falta de certezas del lado de la víctima. Suele llevar años procesar el trauma y buscar justicia. Especialmente en una sociedad donde el sentido común moral es demandante y juzgante hacia las mujeres. Cuando crecés con la orden de reprimir tus deseos, se torna difícil separar deseo y culpa”.

Del otro lado está la sumisión invisible, el languidecer conyugal de Yana. Kulumbegashvili señala: “Lo anterior se aplica también a su matrimonio, sus deseos están profundamente conectados con la culpa y la sensación de encierro. Son sentimientos conflictivos. Quizás hasta el mismo sentimiento de amor es sofocante, porque la atrapa en un rol social y no deja que sea vista como ella es. Yana es querida por su rol social, pero su ser verdadero no es reconocido ni tenido en cuenta por su marido. Tal vez, sea entregando su poder que Yana puede finalmente empoderarse”.

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Segundo plano

–¿Por qué el punto de partida de la persecución a los testigos de Jehová?

–Tuve una conexión personal con su aislamiento y alienación. Al mismo tiempo, quise examinar la estructura y la dinámica de poder en la sociedad a través de la minoría religiosa oprimida en mi país. Dentro de cualquier grupo o comunidad, hay una dinámica de poder que pone algo al frente y algo detrás. Las mujeres en las comunidades religiosas están relegadas a un segundo plano, al menos en las religiones abrahámicas y los grupos de enseñanza. Yana es parte de la comunidad oprimida, marginada. A la vez está opacada en su comunidad, excluida de las decisiones sobre el bienestar del grupo y aun de su familia. Así y todo, no fue mi intención hacer un filme sobre religión, sino sobre seres humanos y sus decisiones.

–¿Qué pensás de las reacciones que generó el filme? ¿Qué las provocaron?

–Me alegra que haya sido mirado y es valioso que promueva la discusión. Todas las reacciones son igualmente importantes. Jamás busqué provocar. Sí esperé reacciones distintas que no necesariamente coincidan entre sí. O que no coincidan conmigo. No me interesa hacer una película de gratificación instantánea o para que los espectadores sientan que han contribuido a una buena causa. Espero generar el espacio y el entusiasmo posibles para despertar reflexiones e interrogantes. Yo desconozco las respuestas, y quizás los espectadores tampoco las sepan. 

Beginning
Georgia, Francia, 2020. Guion: Dea Kulumbegashvili y Rati Oneli. Dirección: Dea Kulumbegashvili. Con: Ia Sukhitashvili, Kakha Kintsurashvili y Rati Oneli. Duración: 130 minutos. Plataforma: MUBI.

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