La película La noche más larga nos vuelve a enfrentar con esta pregunta, tan inagotable como dinámica, dado que es muy probable que la respuesta que podremos dar hoy no será la misma el año próximo, ni la fue en el pasado. A veces mostrar ayuda, otras no.

Después de ver la película de Moroco Colman, invento un ejercicio: imagino cómo sería este filme al revés. La historia de una violadora serial que rapta a varones jóvenes. Decenas de varones hermosos que visten jeans ajustados que les marcan lo que queremos ver, lo que nos gusta ver. Los atrapa y los somete. Los inmoviliza y les da órdenes, y ellos hacen todo lo que ella quiere. La cámara los filma atravesados por la violencia de esta mujer que los odia. Lxs espectadores vemos sus bocas inmovilizadas a la fuerza, sus nalgas siendo penetradas, sus cuerpos desnudos, lindos cuerpos, bellos cuerpos. Viriles rostros, hermosos de mirar. Rostros que seguramente todas nos daríamos vuelta a ver en la calle y hasta les diríamos: “¡Mi amor! ¿A dónde vas tan solito? ¡No me mires así que la culpa es tuya por estar tan fuerte!”.

Pero la cultura de la violación no funciona así y la fetichización del cuerpo femenino tampoco.

La película de Colman muestra en exceso, y ese exceso son los cuerpos de las actrices siendo vulnerados. Los detalles de algunas de las agresiones son filmados con planos pornográficos. Una violación no es sexo, sino violencia; y las maneras de filmar la violencia y el sexo son diametralmente opuestas. Reformulemos entonces aquella pregunta: ¿hay otra manera de filmar las vulneraciones a los cuerpos de las más de cien víctimas sin vulnerar los cuerpos de las actrices? ¿No es, acaso, paradójico y contradictorio?

En esta película, la cámara es una mano, un pene, una boca y, mientras el violador inmoviliza a estas jóvenes mujeres, la cámara “aprovecha” y filma lo que se ve, cual vouyer oportunista que, en vez de ayudar, participa. Y si no se llega a ver bien, la cámara ojo, la cámara mano se acerca, para mostrar lo que las penumbras intentan esconder.

En La noche más larga, las mujeres que aparecen, sin entidad y sólo definidas a partir de las agresiones sexuales, no existen más que como cuerpos. Y díganme si no hace décadas que luchamos para dejar de ser leídas sólo como un cuerpo funcional a los deseos de otro. 

Edición Impresa

El texto original de este artículo fue publicado el 30/01/2021 en nuestra edición impresa.

Publicidad