Corría el año 1971 y la bruma londinense escondía en sus recintos universitarios el germen de la mejor época musical de la historia. Para los puristas y amantes del sonido inconfundible de los años 70, hay fechas que merecen estar enmarcadas en oro, y el 20 de febrero de 1971 es sin duda una de ellas.

Esa noche, el Kingston Polytechnic de Londres fue el escenario de un cruce generacional y estilístico inigualable. La banda de rock progresivo Yes, que ya venía pisando fuerte y se preparaba para lanzar su aclamado The Yes Album, se presentaba ante una multitud expectante. Pero lo que la audiencia no sabía era que la banda encargada de calentar los motores estaba destinada a convertirse en la realeza absoluta de la música mundial: unos jovencísimos y entonces desconocidos Queen.

El Encuentro de Dos Mundos Sonoros

Imaginar ese cartel hoy en día produce escalofríos. Por un lado, Yes, liderados por la voz etérea de Jon Anderson y la majestuosidad técnica de Steve Howe en la guitarra, ofrecían un viaje cósmico y complejo que estaba redefiniendo los límites de la música contemporánea.

Por otro lado, un diamante en bruto. Queen llevaba apenas unos meses tocando con su formación clásica tras la reciente incorporación del bajista John Deacon. Freddie Mercury, Brian May y Roger Taylor subieron a ese escenario universitario con el hambre y la actitud teatral que los caracterizaría la década siguiente. Tocaron un setlist crudo, lleno de energía, esbozando los riffs y las armonías vocales que pocos años después dominarían las radios de todo el planeta.

Un Hito en la Historia del Rock de los 70s

Aquel concierto no fue masivo ni contó con grandes estadios, pero su peso histórico es incalculable. Para quienes respiran la cultura retro y coleccionan los vinilos que forjaron el rock, este evento es el punto de intersección perfecto. Es la noche en la que el virtuosismo progresivo de Yes estrechó la mano con el glam y la explosión de hard rock que Queen estaba a punto de desatar.

Sobreviven pocos registros fotográficos y sonoros de aquella mágica velada, lo que no hace más que alimentar el mito. Fueron noches como esta en el circuito universitario británico las que cimentaron el sonido inigualable de la década de los 70, demostrando que la mejor música de la historia a menudo se forjaba en los escenarios más inesperados.