RÍO DE JANEIRO — Parece que fue ayer, pero han pasado exactamente dos décadas. Un día como hoy, el 18 de febrero de 2006, la historia de la música en vivo se reescribió en las arenas de Brasil. En el marco de su gira A Bigger Bang Tour, The Rolling Stones ofrecieron un espectáculo gratuito en la playa de Copacabana que congregó a una cifra récord de 1.5 millones de personas.
Una Noche para los Libros de Historia
La atmósfera en Río era eléctrica desde días antes. No era solo un concierto; era un fenómeno cultural. Mick Jagger, Keith Richards, Ronnie Wood y Charlie Watts no llegaron al escenario de manera convencional. Para evitar el caos de la multitud, se construyó una pasarela especial que conectaba directamente el lujoso hotel Copacabana Palace con el escenario monumental de 24 metros de altura.
Al caer la noche, y tras la clásica introducción, los acordes de «Jumpin’ Jack Flash» rompieron el aire húmedo de la costa carioca, desatando la euforia de una marea humana que se extendía por kilómetros a lo largo de la Avenida Atlântica.
El Setlist que Hizo Vibrar a Brasil
Durante dos horas, la banda británica repasó sus mayores éxitos ante un público que no solo llenaba la arena, sino también cientos de embarcaciones ancladas frente a la costa. El repertorio incluyó himnos inmortales como:
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It’s Only Rock ‘n’ Roll (But I Like It)
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Wild Horses
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Sympathy for the Devil
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Start Me Up
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(I Can’t Get No) Satisfaction
La energía de Jagger, entonces con 62 años, desafió cualquier expectativa, recorriendo las alas del escenario y conectando con una audiencia que abarcaba varias generaciones.
El Legado del «Concierto del Siglo»
El evento no solo fue un triunfo logístico y artístico, sino que consolidó la relación de amor entre los Rolling Stones y Latinoamérica. La transmisión del evento llegó a millones de hogares alrededor del mundo, pero para el millón y medio de afortunados presentes, fue la confirmación de que el rock and roll, en manos de sus majestades, es eterno.
Hoy, a 20 años de esa noche mágica, el rugido de Copacabana sigue resonando como uno de los momentos más gloriosos en la cronología del rock.



