El 4 de marzo de 1966 quedó marcado a fuego en la historia de la música. Lo que comenzó como una observación íntima y filosófica en un periódico británico, terminó convirtiéndose en un huracán mediático que puso en jaque la carrera de la banda más grande de todos los tiempos. John Lennon, con su característica franqueza, deslizó una frase que daría la vuelta al mundo: «Somos más populares que Jesús ahora».
Para los amantes del rock clásico y de las grandes anécdotas que forjaron la música contemporánea, este episodio es fundamental. Pero, ¿cómo fue que unas simples palabras casi destruyen a The Beatles en la cima de su carrera?
El origen de la polémica: La entrevista con Maureen Cleave
La frase no fue gritada en un concierto ni lanzada como provocación en televisión. Fue publicada originalmente en el London Evening Standard, en un artículo escrito por la periodista Maureen Cleave. Ella estaba realizando una serie de perfiles titulados «¿Cómo vive un Beatle?», buscando mostrar el lado más intelectual y casero de los miembros del grupo.
Lennon, mientras leía libros sobre religión en su casa, comentó sobre el declive del cristianismo: «El cristianismo se irá. Desaparecerá y se encogerá. No necesito discutir sobre eso; tengo razón y se me dará la razón. Somos más populares que Jesús ahora; no sé qué desaparecerá primero, si el rock ‘n’ roll o el cristianismo».
En el Reino Unido, la frase pasó prácticamente desapercibida. El público británico entendió el contexto: Lennon hablaba del fanatismo desmedido hacia las estrellas del pop y la desconexión de los jóvenes con la iglesia tradicional.
La explosión en Estados Unidos y la quema de discos
El problema estalló meses después, en agosto de 1966, justo cuando The Beatles se preparaban para su gira por Estados Unidos. La revista juvenil estadounidense Datebook republicó la entrevista, sacando la cita de Lennon fuera de contexto y colocándola en letras gigantes en su portada.
La reacción en el sector conservador de Norteamérica, especialmente en el «Cinturón Bíblico» (Bible Belt), fue inmediata y feroz:
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Boicots radiales: Decenas de estaciones de radio dejaron de transmitir la música de la banda.
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Hogueras públicas: Se organizaron eventos masivos para quemar discos, pósters y revistas de The Beatles.
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Amenazas reales: El Ku Klux Klan llegó a crucificar discos del grupo, y las amenazas de muerte hacia la banda se volvieron el pan de cada día durante la gira.
Las disculpas y el fin de las giras
La tensión llegó a tal punto que el mánager Brian Epstein consideró cancelar la gira estadounidense. Finalmente, en una tensa conferencia de prensa en Chicago, un nervioso John Lennon tuvo que explicarse frente a los micrófonos:
«No dije que fuéramos mejores o más grandes… Dije que teníamos más influencia sobre los jóvenes que cualquier otra cosa, incluyendo a Jesús. Me disculpo si eso los hace felices».
Aunque la gira continuó, la hostilidad, el miedo a un atentado y el agotamiento mental por la controversia fueron el golpe de gracia. Esa gira de 1966 fue la última que The Beatles realizaría en su historia. Después del concierto en Candlestick Park en San Francisco, decidieron retirarse de los escenarios para siempre y recluirse en el estudio, dando paso a su etapa más creativa e inmortal.



